“Non nobis Domine, non nobis sed tuo nomini da gloriam” (Vulgata- Salmo 113:9)
I- La necesidad.
Hasta principios del siglo V se tenían algunas colecciones de los texto bíblicos traducidos al latín en forma de manuscritos. Según algunos eruditos, muchas de estas traducciones no fueron preparadas para el uso de la iglesia entera, sino preparadas ad hoc para el uso de comunidades cristianas locales y no se podía hallar uniformidad en las traducciones existentes. Esta colección de traducciones de latinas de la Palabra de Dios se conoce como Vetus Latina y estaban escritas en el más rancio latín antiguo y el mismo Agustín de Hipona en “De Doctrina Cristiana (2,16)” lamenta la abundancia de anacolutos o solecismos existentes, los cuales oscurecían la interpretación del texto. Otros estudiosos se inclinan, sin embargo, a pensar que hasta entonces existía una única traducción conocida como Ítala, debido a que, aunque se considera que fue preparada en África en el siglo segundo, fue revisada en Italia, de ahí su nombre. Sea que existiesen muchas colecciones parciales de traducciones o una sola traducción con muchas revisiones que le introdujeron cambios sustanciales, lo cierto es que no se contaba con una traducción confiable, sino con un conjunto de textos que por las copias y las revisiones, más las imprecisiones propias de la traducción se encontraban corruptos.
Un ejemplo clásico lo constituye la siguiente cita de Salmos 122:6, del “Salterio Galicano”, el cual es nombrado de esa forma debido a que fue recibido en las Galias en la época de los Reyes Carolingios. La traducción al latín de este Salmo contenido en el Salterio es: Rogate quae ad pacem sunt Ierusalem, es decir, "rogad a los que están por la paz de Jerusalén". La versión de la Vetus Latina procura respetar el orden y el uso de las palabras del original griego de la Septuaginta. Por contraste, San Jerónimo, en versión posterior sobre textos originales hebreos, traduce el verso de la cita como "rogate pacem Ierusalem", es decir, "rogad por la paz de Jerusalén".
II- La composición.
Debido al problema anteriormente mencionado, el Papa Dámaso I encarga a Jerónimo, en 382, una traducción en latín corriente.Con el objetivo de que fuera más entendible y más exacta que sus predecesoras, traduce Jerónimo su vulgata editio (edición vulgar o popular), tomando su nombre de esta frase se le denominó Vulgata Latina.
La labor de Jerónimo comenzó con la comisión papal de revisar la traducción de los cuatro Evangelios empleando los mejores textos del griego, tarea que a la muerte de Dámaso I, en 834, ya había completado en detalles, sin embargo su empresa se hizo más ambiciosa hasta extenderse a la traducción de la totalidad de la Biblia. Al culminar la revisión de los cuatro Evangelios Jerónimo escribió:
“Tú me obligas a crear una obra nueva, de una vieja, y al mismo tiempo obrar como un árbitro sobre ejemplares bíblicos, después que estos están ampliamente distribuidos [desde tiempo] en todo el mundo, y donde estas difieren, decidir cuales concuerdan con los auténticos textos griegos. Es una tarea que exige igualmente tanta entrega amorosa, como es peligrosa y temeraria, de juzgar a otros y estar, al mismo tiempo, bajo el juzgamiento de todos; intervenir alterando en el lenguaje de un anciano y regresar a los días de su primera infancia, a un mundo ya envejecido. ¿Aunque se encontrase a uno sólo, sea instruido o no, que no me llame a viva voz un falsificador y un sacrílego, porque tuve la osadía de agregar, cambiar o corregir en los antiguos libros [latinos], apenas tome en su mano este tomo [la revisión de los evangelios], y descubra, lo que aquí lee, que no esté en el gusto de aquel, que alguna vez haya asimilado? Dos consideraciones empero, que me consuelan y me hacen cargar este odio: por un lado, que tú, en rango superior a todos los demás obispos, me has ordenado hacer esto; y por otro lado que, como también tienen que confirmar mis difamadores, que en tipos de lecturas, que difieren entre sí, es difícil encontrar la verdad. Si habría que tener confianza en los textos latinos, entonces deberían decir: ¿en cuáles? Habiendo casi tantas formas de textos como copias. Si se quiere determinar el texto valedero, a partir de la comparación de varias, ¿por qué no volver a los textos originales griegos y corregir, según estos, todos los errores?, ¿si se remontan a traductores irresponsables o si se trata de ellos como enmendadores para lo peor u osados pero críticos de textos incompetentes o simplemente de adiciones o cambios de copiadores desatentos? ... Yo hablo ahora del Nuevo Testamento: … Mateo, Marcos, Lucas, Juan, ellos fueron retocados por nosotros después de la comparación con textos griegos manuscritos – de cierto antiguos. Pero, para evitar desviaciones demasiado grandes del enunciado latino como se está acostumbrado en las lecturas, hemos mantenido nuestras plumas refrenadas y sólo corregimos allí, donde pareciera que aparecieran variaciones en el sentido, mientras que todo lo demás lo dejamos pasar, tal como estaba” (Preámbulo al Nuevo Testamento; citado por A. M. Ritter, Kirchen- und Theologiegeschichte in Quellen, tomo 1 pág. 181)
Por orden de Agustín, Jerónimo, a pesar suyo, hubo de incluir en su traducción los libros deuterocanónicos. Teniendo conocimiento sobre el canon hebreo, Jerónimo sabía que estos libros no se consideraban inspirados y entendía que no debían incluirse en la Biblia como parte de la Palabra de Dios, a pesar de ello fue forzado a hacerlo y los deuterocanónicos pasaron a formar parte de la Vulgata Latina.
III- La conservación.
En la actualidad sobreviven un buen número de manuscritos tempranos de la Vulgata Editio, de los cuales, el códice Amiatinus datado del siglo VIII es el manuscrito completo más antiguo. Durante la Edad Media, la Vulgata fue víctima de errores inevitables introducidos por causa de las copias realizadas en los monasterios en toda Europa, también se introdujeron, conjuntamente al texto de Jerónimo, textos de su predecesora la Vetus Latina, y notas marginales las cuales se interpolaron erróneamente con el texto durante las copias. De esta forma al comparar las copias existentes se podían encontrar diferencias sustanciales entre ellas y la Vulgata perdió su integridad.
Aproximadamente por el año 550, Casidoro hizo el primer intento de devolver a la Vulgata su original pureza. También Alcuino de York, supervisó y dirigió esfuerzos para copiar una versión de la Vulgata restaurada, la cual presentó a Calomagno en el 801. Ante el advenimiento de la imprenta, los errores humanos se redujeron y su consistencia y uniformidad aumentaron.
IV- La importancia.
La Vulgata Latina constituye la primera gran traducción occidental de la Palabra de Dios y el primer esfuerzo por acercar la Palabra de Dios al pueblo. Como su nombre lo indica la Vulgata pretendió ser una Biblia en el idioma común del pueblo, mérito notable y digno de encomio. A pesar de sus errores innegables, la influencia de la Septuaginta y de su posterior pérdida de pureza, la dedicación de Jerónimo y su esfuerzo por nutrirse para su versión de los originales en hebreo resultan impresionantes. La edición para el pueblo se hizo pronto muy aceptada y su uso se generalizó, de ahí la gran importancia que se le concede.
viernes, 23 de abril de 2010
lunes, 23 de noviembre de 2009
El evangelio según Saramago.
“Dice el necio en su corazón: No hay Dios” Salmos 14:1
Me dispongo a disertar sobre las profundas manifestaciones anticristianas en la obra del premio nobel de literatura José Saramago, culpable de obras como “El Evangelio según Jesucristo” y su más reciente blasfemia “Caín”.
En lo personal, comprendo muy bien que se proponga negar la existencia de Dios, siendo que ha vivido a sus espaldas, ahora, a sus 87 años, cercano a su encuentro con el Creador, necesita más que nunca que el Dios que ha negado y blasfemado durante toda su vida no exista.
Personalmente no creo en la existencia de la vida extraterrestre, y aunque sé de un sin número de fanáticos y ufólogos, no dedico mi vida a combatirlos o a ofender a los marcianos. El caso de los ateos como Saramago es, en mi opinión, un caso de estudio para la psicología, pues molesto contra “el inexistente” Dios, dedica todas sus fuerzas a blasfemarle. Paradójico, ¿será en verdad ateo?
La opinión manifiesta de este escritor, que entre sus características literarias, se encuentra prescindir del buen uso de los signos de puntuación, quizás mostrando la anarquía y rebeldía que le son innatas, nos revelan a un individuo airado contra Dios, resentido contra la sociedad y acaso odiándose a sí mismo. En su obra “El evangelio según Jesucristo” se propone mostrar a un dios imposible de comprender incluso para su hijo, el cual deseando la libertad de vivir su vida como un hombre, es obligado por su padre a morir en la cruz, poniendo en boca de esta mal hecha caricatura del Hijo la frase: “Hombres, perdonadle, porque no sabe lo que hizo” (Evangelio, p. 341).
Su nuevo libro “Caín” nos “revelan” a un dios injusto y tiránico, el cual, según su opinión, ha sido creado a imagen y semejanza de los hombres. No comprende la razón por la cual sacrificio de Caín es rechazado y aceptado el de Abel, de modo que busca el medio de justificar el fratricidio al mostrarnos a un Abel desnaturalizado y arrogante.
Triste y grosero esbozo de una sociedad desesperanzada es la obra de este autor. No es más que la manifestación del hastío del hombre que ha dado las espaldas a Dios. Hoy muchos se asombran de la decadencia ética y moral con que se vive en la sociedad moderna y vuelven sus ojos para culpar a un Dios, cuyos principios han rechazado, cuya ética han olvidado y cuya ley moral han calificada de obsoleta. Aunque según Saramago la Palabra de Dios es "un manual de malas costumbres" y "un catálogo de crueldades", la misma nos habla del amor a Dios y al prójimo como la ley máxima y suprema del hombre. No con un amor abstracto sino con un amor que se traduce en obras y en acción. Con un amor que quizás este desdichado escritor es incapaz de comprender. Jesús definió y cumplió el amor muriendo voluntaria y libremente en la cruz del Calvario, para traer vida y esperanza al hombre pecador. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Juan 15:13.
Cuando el hombre se erige en Dios de sí mismo y en único rector de su existencia, experimenta una carencia de propósitos y un vacío existencial que trata de llenar rebelándose contra el Dios, el cual niega en su autoengaño. En consecuencia no aporta valores, ni alegría, ni sosiego, pues un hombre o mujer solo puede dar aquello que le es propio y aquello de lo cual está pletórico. Si un ser humano se encuentra lleno de odio, transpirará su odio y en todo cuanto toque dejará su nauseabundo olor. Si un ser humano es feliz y agradecido, convertirá su camino y el de otro en gratitud y será grato para sí y para los demás.
¿Qué es lo que impide a los ateos a creer en la existencia de Dios? ¿Acaso será la escasez de evidencias racionales para ello? Si así fuera, su actitud sería similar a la mía para con los extraterrestres, no encuentro evidencia de su existencia por lo tanto no me preocupan, como tampoco que me enoja que otros sí crean que existen. Sin embargo, al adoptar una actitud agresiva contra la idea de Dios, están manifestando que creen en su existencia más de lo que les gustaría admitir, pues la existencia de Dios implica la existencia de un Supremo Ser quien tiene prerrogativas sobre nosotros al ser nuestro Creador y Sustentador, alguien a quien tendremos que dar cuenta de nuestras obras. Los ateos necesitan desesperadamente negar a Dios porque si Dios no existe no existen ni el juicio y ni el castigo al que tanto temen y no hay a quien rendir cuentas. Quien tanto se esmera por desacreditar a Dios y por negarle, se encuentra gritando agónica y desesperadamente “basta ya de recordarme que Dios es real y que le tengo que dar cuentas”.
Saramago y la sociedad que representa tiemblan ante la idea de Dios “porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” Jn.3:20. Sin embargo, para él y para todos es la noticia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Jn.3:16.
No debemos despreciar al escritor y a los que como él poseen una imagen atrofiada de Dios, más bien, con misericordia y compasión, invitarles al arrepentimiento y guiarle al conocimiento de un Dios que es defensor del huérfano y de la viuda, del pobre y del enfermo. Mostrémosle que el “evangelio según Saramago” no tiene la más mínima relación con el auténtico Evangelio de Jesucristo.
Autores: Eglis Alvarez López y Enrique M. Alvarez Cepero.
Publicado en la Revista: Phronesis de la Iglesia Cristiana Reformada en Cuba.
Me dispongo a disertar sobre las profundas manifestaciones anticristianas en la obra del premio nobel de literatura José Saramago, culpable de obras como “El Evangelio según Jesucristo” y su más reciente blasfemia “Caín”.
En lo personal, comprendo muy bien que se proponga negar la existencia de Dios, siendo que ha vivido a sus espaldas, ahora, a sus 87 años, cercano a su encuentro con el Creador, necesita más que nunca que el Dios que ha negado y blasfemado durante toda su vida no exista.
Personalmente no creo en la existencia de la vida extraterrestre, y aunque sé de un sin número de fanáticos y ufólogos, no dedico mi vida a combatirlos o a ofender a los marcianos. El caso de los ateos como Saramago es, en mi opinión, un caso de estudio para la psicología, pues molesto contra “el inexistente” Dios, dedica todas sus fuerzas a blasfemarle. Paradójico, ¿será en verdad ateo?
La opinión manifiesta de este escritor, que entre sus características literarias, se encuentra prescindir del buen uso de los signos de puntuación, quizás mostrando la anarquía y rebeldía que le son innatas, nos revelan a un individuo airado contra Dios, resentido contra la sociedad y acaso odiándose a sí mismo. En su obra “El evangelio según Jesucristo” se propone mostrar a un dios imposible de comprender incluso para su hijo, el cual deseando la libertad de vivir su vida como un hombre, es obligado por su padre a morir en la cruz, poniendo en boca de esta mal hecha caricatura del Hijo la frase: “Hombres, perdonadle, porque no sabe lo que hizo” (Evangelio, p. 341).
Su nuevo libro “Caín” nos “revelan” a un dios injusto y tiránico, el cual, según su opinión, ha sido creado a imagen y semejanza de los hombres. No comprende la razón por la cual sacrificio de Caín es rechazado y aceptado el de Abel, de modo que busca el medio de justificar el fratricidio al mostrarnos a un Abel desnaturalizado y arrogante.
Triste y grosero esbozo de una sociedad desesperanzada es la obra de este autor. No es más que la manifestación del hastío del hombre que ha dado las espaldas a Dios. Hoy muchos se asombran de la decadencia ética y moral con que se vive en la sociedad moderna y vuelven sus ojos para culpar a un Dios, cuyos principios han rechazado, cuya ética han olvidado y cuya ley moral han calificada de obsoleta. Aunque según Saramago la Palabra de Dios es "un manual de malas costumbres" y "un catálogo de crueldades", la misma nos habla del amor a Dios y al prójimo como la ley máxima y suprema del hombre. No con un amor abstracto sino con un amor que se traduce en obras y en acción. Con un amor que quizás este desdichado escritor es incapaz de comprender. Jesús definió y cumplió el amor muriendo voluntaria y libremente en la cruz del Calvario, para traer vida y esperanza al hombre pecador. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Juan 15:13.
Cuando el hombre se erige en Dios de sí mismo y en único rector de su existencia, experimenta una carencia de propósitos y un vacío existencial que trata de llenar rebelándose contra el Dios, el cual niega en su autoengaño. En consecuencia no aporta valores, ni alegría, ni sosiego, pues un hombre o mujer solo puede dar aquello que le es propio y aquello de lo cual está pletórico. Si un ser humano se encuentra lleno de odio, transpirará su odio y en todo cuanto toque dejará su nauseabundo olor. Si un ser humano es feliz y agradecido, convertirá su camino y el de otro en gratitud y será grato para sí y para los demás.
¿Qué es lo que impide a los ateos a creer en la existencia de Dios? ¿Acaso será la escasez de evidencias racionales para ello? Si así fuera, su actitud sería similar a la mía para con los extraterrestres, no encuentro evidencia de su existencia por lo tanto no me preocupan, como tampoco que me enoja que otros sí crean que existen. Sin embargo, al adoptar una actitud agresiva contra la idea de Dios, están manifestando que creen en su existencia más de lo que les gustaría admitir, pues la existencia de Dios implica la existencia de un Supremo Ser quien tiene prerrogativas sobre nosotros al ser nuestro Creador y Sustentador, alguien a quien tendremos que dar cuenta de nuestras obras. Los ateos necesitan desesperadamente negar a Dios porque si Dios no existe no existen ni el juicio y ni el castigo al que tanto temen y no hay a quien rendir cuentas. Quien tanto se esmera por desacreditar a Dios y por negarle, se encuentra gritando agónica y desesperadamente “basta ya de recordarme que Dios es real y que le tengo que dar cuentas”.
Saramago y la sociedad que representa tiemblan ante la idea de Dios “porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” Jn.3:20. Sin embargo, para él y para todos es la noticia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Jn.3:16.
No debemos despreciar al escritor y a los que como él poseen una imagen atrofiada de Dios, más bien, con misericordia y compasión, invitarles al arrepentimiento y guiarle al conocimiento de un Dios que es defensor del huérfano y de la viuda, del pobre y del enfermo. Mostrémosle que el “evangelio según Saramago” no tiene la más mínima relación con el auténtico Evangelio de Jesucristo.
Autores: Eglis Alvarez López y Enrique M. Alvarez Cepero.
Publicado en la Revista: Phronesis de la Iglesia Cristiana Reformada en Cuba.
martes, 17 de noviembre de 2009
Análisis y comparación entre el sacramento del Bautismo practicado por las iglesias de tradición reformada y la Iglesia Católica Romana. Parte V
IX- Respuestas a posibles objeciones.
Algunos que defiendan el bautismo católico como bautismo válido, el cual debería ser aceptado por los reformados, podrían abogar en su favor aduciendo:
1- Lo practican empleando el elemento y el rito bíblico, por lo cual debería ser considerado válido.
Refutación a esta objeción:
Fácilmente encontramos que no basta con practicar el rito empleando la fórmula bautismal bíblica “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” y emplear el agua como elemento imprescindible en el rito, pues habríamos de aceptar, por ende, el bautismo Mormón, el cual es administrado en el “nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y empleando como elemento el agua.
Para refutar que debamos aceptar el bautismo Mormón, lo cual se desprenderían del anterior razonamiento empleamos una objeción católica:
“Los requisitos de la Iglesia Católica para reconocer el bautismo son de cuatro tipos: materia del sacramento, su forma, intención del ministro y recta disposición del sujeto.
Con la materia no hay problema: agua. En cuanto a la forma, la fórmula usada por los mormones dice textualmente: "habiendo recibido el mandato de Cristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", pero, explica el teólogo, no hay verdadera invocación de la Santísima Trinidad porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son las tres personas en las que subsiste la única divinidad sino tres dioses que forman una divinidad. ” (La Trinidad de los mormones no es la de los cristianos
La Iglesia no reconoce el bautismo de la secta) http://www.geocities.com/iafobi/materiales/mormones.html
Encontrando que ninguna iglesia genuina aceptaría el bautismo Mormón como válido, este argumento queda sin efecto.
2- Si no aceptamos el bautismo católico estaríamos negando la apostolicidad de la iglesia.
Aun más fácil de refutar es esta objeción que la anterior.
Según la Iglesia Católica Romana, la Iglesia es Católica y Apostólica en tres aspectos:
1. Es plantada en el mundo por los Apóstoles.
2. Se adhiere a las enseñanzas de los Apóstoles.
3. Que continúa en sucesión el ministerio Apostólico.
Es por esta sucesión apostólica que la Iglesia Católica Romana reclama una autoridad única para interpretar la Escritura y para establecer la doctrina; así como la afirmación de tener un líder supremo en el Papa, el cual es infalible (sin error) cuando habla “ex cátedra” – esto es en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos. Por lo tanto, de acuerdo con la postura católica romana; la enseñanza o tradiciones de la Iglesia Católica Romana, habiendo provenido del Papa, son tan infalibles y autoritativas como las mismas Escrituras. Esta es una de las mayores diferencias entre los católicos romanos y los protestantes, y fue una de las razones fundamentales para la Reforma Protestante.
De acuerdo con la Enciclopedia Católica, esta sucesión apostólica “es encontrada únicamente en la Iglesia Católica” y ninguna “Iglesia separada tiene alguna reclamación válida ante ello.”
Sin embargo, La Reforma Protestante rechazó la “sucesión apostólica”, o a lo menos cambió el concepto, sosteniendo que esto se refiere exclusivamente a quien predica la “verdadera” doctrina, sin importar su conexión con el pasado ni con la Iglesia apostólica.
Las enseñanzas de una iglesia o denominación son autoritativas y obligatorias para los cristianos solo si representan el significado verdadero y una clara enseñanza de la Escritura. Este es un punto importante a considerar, cuando se trata de entender la conexión entre el protestantismo y la Iglesia Católica Romana, y la razón por la que se llevó a cabo la Reforma Protestante.http://www.gotquestions.org/Espanol/Reforma-Protestante.html
Según esto, rechazar el bautismo católico no encierra la negación de ninguna doctrina esencial para la fe cristiana.
3- Los reformadores no se rebautizaron. Significaba esto que aunque reconocían los errores de Roma, reconocían como válido su bautismo.
Respecto a este planteamiento debemos concordar con que Calvino y Lutero consideraron válido el bautismo católico, de hecho, Juan Calvino en La Institución de la Religión Cristiana describe a la Iglesia Católica Romana como la imagen de Babilonia, pero donde aún quedaban reminiscencias de la Verdadera Iglesia, tales como el verdadero bautismo. Esta visión es explicable pues a pesar de todas las atrocidades y corrupciones de la Iglesia de Roma aun no se había producido el Concilio de Trento en el cual se anatemizó la Reforma Protestante y se adoptaron y reafirmaron dogmas heréticos que divorciaron cada vez más a dicha institución humana de la Iglesia de Jesucristo.
XXII: Celebrada el 17 de septiembre de 1562. Doctrina acerca del santísimo sacrificio de la Misa. La Eucaristía se definió dogmáticamente como un auténtico sacrificio expiatorio en el que el pan y el vino se transformaban en la carne y sangre auténticas de Cristo. Reforma de la moral del clero, la administración de fundaciones religiosas y los requisitos para asumir cargos eclesiásticos.
XXV: Celebrada los días 3 y 4 de diciembre de 1563. Decreto sobre el purgatorio. Se reafirman la existencia del purgatorio y la veneración de los santos y reliquias. Reforma de las órdenes monásticas. Supresión del concubinato en eclesiásticos. Se dejó al Papa la tarea de elaborar una lista de libros prohibidos, la elaboración de un catecismo y la revisión del Breviario y del Misal. De la Trinidad y Encarnación (contra los unitarios). Profesión tridentina de fe. Clausura del concilio.
La mayor parte de sus decisiones giraron sobre los siguientes puntos:
1) Contra los protestantes, que admitían como única autoridad la de las Escrituras, afirmando que la tradición (las interpretaciones de los Padres de la Iglesia, los papas y los concilios) constituye, con las Escrituras, uno de los fundamentos de la fe, y que el único texto auténtico de la Biblia es la Vulgata, traducción latina hecha por San Jerónimo, sobre un texto griego del siglo IV.
2) Confirmó y definió los dogmas y prácticas rechazadas por los protestantes (presencia real de Cristo en la Eucaristía en los elementos (transubstanciación), justificación por la fe y por las obras, conservación de los siete sacramentos, las indulgencias, la veneración de la Virgen María y los santos, etc.), fijando con rigor la frontera entre la ortodoxia y la herejía, consumando la ruptura entre la Iglesia Católica y los protestantes.
3) Fortificó la jerarquía y, con ello la unidad católica, al afirmar enérgicamente la supremacía del Papa, «Pastor Universal de toda la Iglesia» e, implícitamente, su superioridad sobre los concilios. El Concilio de Trento tuvo importancia capital, y de las decisiones que adoptó, surgió la Iglesia Católica Apostólica Romana «tradicional». (Es decir se agudizaron los males que la Reforma pretendía corregir).
(Consultado: http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento)
Otra explicación clara es que hasta la reforma, esta era la única iglesia visible, por lo tanto, a pesar de su apostasía y pecado, poseía la autoridad bíblica, conferida a la Iglesia de Jesucristo para practicar el sacramento del bautismo, por ende los que antes de la Reforma Protestante habían sido bautizados por la Iglesia Católico Romana, habían sido bautizados con la autoridad de la Iglesia de Cristo. Al producirse la Reforma Protestante, la Iglesia Católica reusó escuchar el llamado de Dios a la pureza y santidad, y persistiendo en su apostasía, al rechazar mediante el Concilio de Trento la obra y labor de los reformadores como necesarias y guiadas por el Señor se colocaba a sí misma en el plano de una institución humana que rompía los lazos con la Iglesia de Jesucristo. Esta es la razón por la cual si bien los reformadores y sus contemporáneos no fueron bautizados al convertirse a la fe protestante, hoy sí es necesario hacerlo con los que provienen de la Iglesia de Roma.
4- Si rechazamos el bautismo católico por motivos doctrinales, deberíamos rechazar también el de las otras confesiones evangélicas.
Si bien algunas iglesias evangélicas no aceptan la idea del bautismo como sacramento, tal es el caso de la Iglesia Pentecostal Asambleas de Dios y la Iglesia Bautista, por solo citar dos ejemplos, estas iglesias le conceden un papel importante dentro de la eclesiología y lo practica con fidelidad a la Palabra, pues niegan el término sacramento, el cual sustituyen por “ordenanza”, que a nuestro juicio significa lo mismo.
El bautismo, además de ser una señal de profesión es también una señal de regeneración o nuevo nacimiento, este es el significado general del bautismo para las iglesias evangélicas, definición con la cual nosotros concordamos.
Otras denominaciones protestantes como la Metodista, sí considera el bautismo como un sacramento.
“Los sacramentos instituidos por Cristo son no sólo señales o signos de la profesión de los cristianos, sino más bien testimonios seguros de la Gracia y Buena voluntad de Dios para con nosotros, por los cuales obra Él en nosotros invisiblemente”. “El bautismo de párvulos debe conservarse en la Iglesia”.
(Artículos de Fe de la IMP, XVI y XVII)
http://www.iglesiametodista.org.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=288&Itemid=1
Algunos que defiendan el bautismo católico como bautismo válido, el cual debería ser aceptado por los reformados, podrían abogar en su favor aduciendo:
1- Lo practican empleando el elemento y el rito bíblico, por lo cual debería ser considerado válido.
Refutación a esta objeción:
Fácilmente encontramos que no basta con practicar el rito empleando la fórmula bautismal bíblica “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” y emplear el agua como elemento imprescindible en el rito, pues habríamos de aceptar, por ende, el bautismo Mormón, el cual es administrado en el “nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y empleando como elemento el agua.
Para refutar que debamos aceptar el bautismo Mormón, lo cual se desprenderían del anterior razonamiento empleamos una objeción católica:
“Los requisitos de la Iglesia Católica para reconocer el bautismo son de cuatro tipos: materia del sacramento, su forma, intención del ministro y recta disposición del sujeto.
Con la materia no hay problema: agua. En cuanto a la forma, la fórmula usada por los mormones dice textualmente: "habiendo recibido el mandato de Cristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", pero, explica el teólogo, no hay verdadera invocación de la Santísima Trinidad porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son las tres personas en las que subsiste la única divinidad sino tres dioses que forman una divinidad. ” (La Trinidad de los mormones no es la de los cristianos
La Iglesia no reconoce el bautismo de la secta) http://www.geocities.com/iafobi/materiales/mormones.html
Encontrando que ninguna iglesia genuina aceptaría el bautismo Mormón como válido, este argumento queda sin efecto.
2- Si no aceptamos el bautismo católico estaríamos negando la apostolicidad de la iglesia.
Aun más fácil de refutar es esta objeción que la anterior.
Según la Iglesia Católica Romana, la Iglesia es Católica y Apostólica en tres aspectos:
1. Es plantada en el mundo por los Apóstoles.
2. Se adhiere a las enseñanzas de los Apóstoles.
3. Que continúa en sucesión el ministerio Apostólico.
Es por esta sucesión apostólica que la Iglesia Católica Romana reclama una autoridad única para interpretar la Escritura y para establecer la doctrina; así como la afirmación de tener un líder supremo en el Papa, el cual es infalible (sin error) cuando habla “ex cátedra” – esto es en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos. Por lo tanto, de acuerdo con la postura católica romana; la enseñanza o tradiciones de la Iglesia Católica Romana, habiendo provenido del Papa, son tan infalibles y autoritativas como las mismas Escrituras. Esta es una de las mayores diferencias entre los católicos romanos y los protestantes, y fue una de las razones fundamentales para la Reforma Protestante.
De acuerdo con la Enciclopedia Católica, esta sucesión apostólica “es encontrada únicamente en la Iglesia Católica” y ninguna “Iglesia separada tiene alguna reclamación válida ante ello.”
Sin embargo, La Reforma Protestante rechazó la “sucesión apostólica”, o a lo menos cambió el concepto, sosteniendo que esto se refiere exclusivamente a quien predica la “verdadera” doctrina, sin importar su conexión con el pasado ni con la Iglesia apostólica.
Las enseñanzas de una iglesia o denominación son autoritativas y obligatorias para los cristianos solo si representan el significado verdadero y una clara enseñanza de la Escritura. Este es un punto importante a considerar, cuando se trata de entender la conexión entre el protestantismo y la Iglesia Católica Romana, y la razón por la que se llevó a cabo la Reforma Protestante.http://www.gotquestions.org/Espanol/Reforma-Protestante.html
Según esto, rechazar el bautismo católico no encierra la negación de ninguna doctrina esencial para la fe cristiana.
3- Los reformadores no se rebautizaron. Significaba esto que aunque reconocían los errores de Roma, reconocían como válido su bautismo.
Respecto a este planteamiento debemos concordar con que Calvino y Lutero consideraron válido el bautismo católico, de hecho, Juan Calvino en La Institución de la Religión Cristiana describe a la Iglesia Católica Romana como la imagen de Babilonia, pero donde aún quedaban reminiscencias de la Verdadera Iglesia, tales como el verdadero bautismo. Esta visión es explicable pues a pesar de todas las atrocidades y corrupciones de la Iglesia de Roma aun no se había producido el Concilio de Trento en el cual se anatemizó la Reforma Protestante y se adoptaron y reafirmaron dogmas heréticos que divorciaron cada vez más a dicha institución humana de la Iglesia de Jesucristo.
XXII: Celebrada el 17 de septiembre de 1562. Doctrina acerca del santísimo sacrificio de la Misa. La Eucaristía se definió dogmáticamente como un auténtico sacrificio expiatorio en el que el pan y el vino se transformaban en la carne y sangre auténticas de Cristo. Reforma de la moral del clero, la administración de fundaciones religiosas y los requisitos para asumir cargos eclesiásticos.
XXV: Celebrada los días 3 y 4 de diciembre de 1563. Decreto sobre el purgatorio. Se reafirman la existencia del purgatorio y la veneración de los santos y reliquias. Reforma de las órdenes monásticas. Supresión del concubinato en eclesiásticos. Se dejó al Papa la tarea de elaborar una lista de libros prohibidos, la elaboración de un catecismo y la revisión del Breviario y del Misal. De la Trinidad y Encarnación (contra los unitarios). Profesión tridentina de fe. Clausura del concilio.
La mayor parte de sus decisiones giraron sobre los siguientes puntos:
1) Contra los protestantes, que admitían como única autoridad la de las Escrituras, afirmando que la tradición (las interpretaciones de los Padres de la Iglesia, los papas y los concilios) constituye, con las Escrituras, uno de los fundamentos de la fe, y que el único texto auténtico de la Biblia es la Vulgata, traducción latina hecha por San Jerónimo, sobre un texto griego del siglo IV.
2) Confirmó y definió los dogmas y prácticas rechazadas por los protestantes (presencia real de Cristo en la Eucaristía en los elementos (transubstanciación), justificación por la fe y por las obras, conservación de los siete sacramentos, las indulgencias, la veneración de la Virgen María y los santos, etc.), fijando con rigor la frontera entre la ortodoxia y la herejía, consumando la ruptura entre la Iglesia Católica y los protestantes.
3) Fortificó la jerarquía y, con ello la unidad católica, al afirmar enérgicamente la supremacía del Papa, «Pastor Universal de toda la Iglesia» e, implícitamente, su superioridad sobre los concilios. El Concilio de Trento tuvo importancia capital, y de las decisiones que adoptó, surgió la Iglesia Católica Apostólica Romana «tradicional». (Es decir se agudizaron los males que la Reforma pretendía corregir).
(Consultado: http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento)
Otra explicación clara es que hasta la reforma, esta era la única iglesia visible, por lo tanto, a pesar de su apostasía y pecado, poseía la autoridad bíblica, conferida a la Iglesia de Jesucristo para practicar el sacramento del bautismo, por ende los que antes de la Reforma Protestante habían sido bautizados por la Iglesia Católico Romana, habían sido bautizados con la autoridad de la Iglesia de Cristo. Al producirse la Reforma Protestante, la Iglesia Católica reusó escuchar el llamado de Dios a la pureza y santidad, y persistiendo en su apostasía, al rechazar mediante el Concilio de Trento la obra y labor de los reformadores como necesarias y guiadas por el Señor se colocaba a sí misma en el plano de una institución humana que rompía los lazos con la Iglesia de Jesucristo. Esta es la razón por la cual si bien los reformadores y sus contemporáneos no fueron bautizados al convertirse a la fe protestante, hoy sí es necesario hacerlo con los que provienen de la Iglesia de Roma.
4- Si rechazamos el bautismo católico por motivos doctrinales, deberíamos rechazar también el de las otras confesiones evangélicas.
Si bien algunas iglesias evangélicas no aceptan la idea del bautismo como sacramento, tal es el caso de la Iglesia Pentecostal Asambleas de Dios y la Iglesia Bautista, por solo citar dos ejemplos, estas iglesias le conceden un papel importante dentro de la eclesiología y lo practica con fidelidad a la Palabra, pues niegan el término sacramento, el cual sustituyen por “ordenanza”, que a nuestro juicio significa lo mismo.
El bautismo, además de ser una señal de profesión es también una señal de regeneración o nuevo nacimiento, este es el significado general del bautismo para las iglesias evangélicas, definición con la cual nosotros concordamos.
Otras denominaciones protestantes como la Metodista, sí considera el bautismo como un sacramento.
“Los sacramentos instituidos por Cristo son no sólo señales o signos de la profesión de los cristianos, sino más bien testimonios seguros de la Gracia y Buena voluntad de Dios para con nosotros, por los cuales obra Él en nosotros invisiblemente”. “El bautismo de párvulos debe conservarse en la Iglesia”.
(Artículos de Fe de la IMP, XVI y XVII)
http://www.iglesiametodista.org.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=288&Itemid=1
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